La vainilla, esa planta a la que asociamos un aroma sensual de riqueza y esplendor, pertenece al género de las orquídeas y es prácticamente la única especie de las mismas que se utiliza por sus propiedades olorosas y agroalimentarias más que ornamentales.

La Vanilla Tahitensis, la vainilla de Tahití, es una de las más apreciadas en perfumería. Los procesos para la preparación de la vainilla necesitan largos y minuciosos cuidados y es por ello que, en proporción a su peso, es uno de los productos más caros del mundo.

Forma parte del fondo olfativo de los denominados perfumes especiados y su aroma nos transporta a mundos de vegetación frondosa, sensuales aromas y riqueza y esplendor.

Cuando exploramos un perfume con fondo de vainilla nos trasladamos a mundos de riqueza, olores intensos, colores deslumbrantes y todos nuestros sentidos disfrutan de esta saturación; pero además la vainilla ha impregnado nuestra memoria olfativa: en los postres caseros, en los bizcochos de las abuelas… es por ello, que también nos proporciona una sensación de ternura y amor por el hogar.