Weekend

Weekend

por Clara Estévez 31 de octubre de 2018

Adoro los fines de semana. Benditos sábados y domingos. Bueno, en realidad, benditos viernes, sábados y domingos. Que, si no, me sabe a poco.

¡Ay! ¡Los findes! La semana entera gira en torno a ellos, porque se lo merecen. Porque las obligaciones pasan a un segundo plano para dejar paso a lo que realmente nos gusta. Una pregunta que lanzo al aire: en realidad, el fin de semana es... ¿fin o inicio?

Pues... depende de cómo se mire. Hay calendarios para todos los gustos y las diferentes culturas parece que no se ponen de acuerdo. Lo que sí sé es que, para los optimistas, son las dos cosas, inicio y fin. Así, duplican los días de descanso (aunque solo sea psicológicamente).

Esos días (y sus noches) son los favoritos de cualquiera, porque están para hacer todo lo que se nos queda en el tintero durante la semana. Porque, al final, se recuperan las horas que te roba tu día a día. La gente sonríe más de lo habitual y el ritmo de la ciudad parece disminuir para poder disfrutar del paseo y de las vistas.

Son días de desconexión. Comidas, cenas, copas, cine, quedadas con amigos a los que no vemos desde hace tiempo...; los más aventureros incluso planean un viaje. Eso sí, todo el mundo sabe que todos nuestros planes se combinan con momentos de descanso, ¡nadie se resiste a ellos!

Un paraíso sin salir de casa

Si tuviese que elegir tres ingredientes para desconectar, durante un fin de semana, entre toda la variedad que hay en el mundo... ¡no hay duda!: buena compañía, una botella de vino y la vela perfumada Tubéreuse de diptyque.

Hace unos días os contaba cuánto me gusta 'Do Son' de diptyque. Joven, duradero… y dulce como el desayuno más goloso. Pues bien, lo que Do Son es para un perfume, Tubéreuse lo es para una vela perfumada.

Su aroma me vuelve loca. Por eso, siempre que estoy en casa, enciendo esta vela que parece embellecer el ambiente con su esencia. Es cálida, cautivadora, intensa, sugerente...; perfecta para estos días en los que el frío llama a la puerta. Y, lo mejor, es que no deja indiferente a nadie.

Sin duda, es una de las velas perfumadas favoritas para los amantes de las flores. El nardo, esa flor que apareció por primera vez en India y México hace varios milenios, está más cerca que nunca y llega para crear una composición única. Su duradero aroma se funde con delicadas notas verdes y con la esencia de la flor del naranjo y del coco. ¡Una mezcla original e irresistible!

PD: hay cuatro tamaños disponibles para esta vela, pero yo me quedo con el de 300 g. Su vaso es rojo y el óvalo está grabado en el cristal, por eso es ideal para reutilizarlo cuando se termine. ¡Atrévete a regalarla! ¡Acertarás!




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