Un poco de sur

Un poco de sur

por Clara Estévez 23 de agosto de 2018

Cádiz. No sabría por dónde empezar a describir esta ciudad (y sus alrededores, siempre sin salir de la provincia) para que, el que no haya estado nunca, se la pueda imaginar.

¿Por su acento? ¿Por su gastronomía? ¿Por sus playas? ¿Por su gente? ¿Por su arte? Creo que lo mejor será empezar por el principio y es que, desde hace miles de años, a este lugar le llaman Tacita de plata.

¿Por qué le llamarían así? Lo cierto es que el origen de este nombre no está nada claro, después de indagar un poco he descubierto que hay muchas leyendas que giran en torno a él.

¡Ay, Cádiz! Ya sé por qué te llamaban Tacita de plata. Tus orillas se pueden recorrer de costa a costa y dan forma de taza a la bahía. Tus calles tienen un color blanco que resplandece con el sol hasta parecer una joya. ¿Qué más motivos puede haber? Estos ya encajan lo suficiente pero, como hay varias teorías, he decidido crear la mía.

¿Camino o destino?

Cádiz nunca es un viaje, es la meta a la que todos quieren llegar. Porque es una taza llena de sorpresas, llena de todo aquello que nos hace felices. ¿No os lo creéis?

Siempre rebosa buen humor, alegría y ganas de vivir. Parece que la gente sonríe más que en otros lugares, debe ser por la combinación perfecta de mar, sol y la mejor compañía. Por eso, los que son de aquí nunca se van y, los que no tenemos esa suerte, siempre queremos volver.

Rebosa energía para los amantes del surf, de los chiringuitos y de cualquier otro escenario al aire libre. Y es que, desde el desayuno hasta la cena, disfrutas en cada una de sus calles. Por eso, hay que ser algo hiperactivo y querer recorrer todos sus rincones en tiempo récord. Aunque, a la vez, esta ciudad te enseña que la vida con calma (esa que solo encontramos aquí) se saborea mucho más.

Cádiz. La taza de los mejores paisajes. Sus playas son incomparables. Una fusión de levante y atlántico. Con esas dunas tan características y un decorado algo salvaje. Y, entre ellas, están mis favoritas: Bolonia, Zahara de los Atunes y El Palmar. Kilómetros para perderse y encontrarse.

Taza de color

También es una taza de color, como el rojo de las flores que adornan los balcones y que huelen a Eau de Toilette 'Olène' de diptyque. Como el dorado de la cerveza muy fría y como el naranja de sus puestas de sol.

Y es mi particular taza de recuerdos. El sitio que me ha visto crecer de agosto en agosto y que ha recopilado muchas experiencias. Desayunos de reyes, horas y horas de playa, grandes amigos que se convierten en tu familia, aperitivos interminables en los que nunca falta el pescaíto, copas a la orilla del mar, canciones de verano y noches que bailaban al son de tu ritmo. Sí, del tuyo.

Es una tacita llena de lo que tú quieras. Y es de plata porque su valor es incalculable. Pide tu deseo, busca la estrella fugaz en el cielo… y Cádiz lo cumplirá. Como alguien dijo alguna vez, es un paraíso, un lugar donde ser feliz no tiene mérito, un vaivén de las mejores olas de la vida. El sitio al que siempre volverás. El destino.




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