Tormentas de verano

Tormentas de verano

07 de junio de 2018

Qué bonito es ver llover. Puede que nunca me hayáis oído decirlo porque, de hecho, no suele gustarme nada. Si pienso en los días de lluvia de la capital (y de otras ciudades), solo se me ocurre un adjetivo: inoportunos.

Cuantas cabalgatas de Reyes habré visto pasada por agua por no decir que, las pocas veces que he ido al parque de atracciones, el cielo acabó lleno de nubarrones negros. Cuántos veranos en Santander han sido de mus y cervezas, de bar en bar, porque el sol no estaba en la playa.

Cuántas escapadas de fin de semana se han convertido en un plan indoor. Cuántos paraguas habré comprado porque la tormenta me pilló muy poco preparada. Podría seguir contando un montón de anécdotas, pero he decidido no quejarme más.

Qué bonito es ver llover

Todos esos recuerdos son de hace algunos años y lo cierto es que no encuentro ninguno en mi memoria a corto plazo donde la lluvia me haya aguado la fiesta. No sé por qué será porque a la niña que aún llevo dentro sigue sin gustarle, ¡quizá sea una señal de que ya me estoy haciendo mayor!

Y es que, durante estas últimas semanas, en las que hemos visto muy poco el sol y en las que casi volvemos a sacar la ropa de invierno, me he dado cuenta del lado bueno de la lluvia. Aunque sí, en el fondo estoy con vosotros, se acumulan las ganas de que llegue ya ese verano que se está haciendo esperar.

Pero, mientras tanto, podemos disfrutar de ver cómo cae el agua del cielo, aunque los días sean grises. La lluvia no bronceará la piel, pero es un ingrediente indispensable para algunos de mis momentos favoritos.

No hay nada mejor que irse a dormir con el sonido de las gotas chocando con la ventana de fondo. No está científicamente demostrado, pero me aventuro a decir que se descansa más que nunca.

Y despertar por la mañana y sentarte cerca de una ventana, mirar a través de ella y encender una vela perfumada para hacer que ese plan de desconexión sea perfecto. ¡Que todos nos lo merecemos de vez en cuando!

Y después pasear, pasear refugiada bajo un paraguas, sintiendo ese olor a tierra mojada que tanto nos gusta. Benditas tormentas de verano. Y de pre-verano. Porque, a veces, sentir la libertad es tan sencillo como bajar el Paseo de la Castellana caminando por su bulevar. Y después parar en una de sus cafeterías para entrar en calor.

La lluvia también es la mejor aliada cuando llegan esos viernes en los que te apetece ver una de tus películas preferidas. ¡No es lo mismo sin la combinación de manta y palomitas! Y también es perfecta para recordar. Recordar todos esos días en los que, aunque diluviaba, fuimos felices. Sí, la lluvia te transporta.

Ya lo decía Audrey Hepburn en My Fair Lady: “La lluvia en Sevilla...” y ya os sabéis el final, que es justo con lo que me quedo de esa frase tan mítica. Disfruta ver llover. Porque luego lo echaremos de menos. Y porque, cuando se vayan las nubes, miraremos a través de la ventana saboreando como nunca los primeros rayos de sol que empezarán a asomarse.

Sí, puedo decir que, a partir de hoy, me gustan las tormentas. Pero solo si son de verano.




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