Sin filtros

Sin filtros

08 de agosto de 2018

Durante estos días, las redes sociales se han llenado con las fotos del verano. Instagram parece un escaparate con los mejores destinos. La sonrisa no falta en ninguna instantánea y, el sol, tampoco.

Palmeras, paseos por la orilla, bebidas muy frías, conchas. Puestas de sol, tablas de surf, playas desiertas y terrazas chill out. Todas esas cosas que quieren convertirse en imprescindibles del verano aparecen en esas fotografías que pasarán a formar parte de nuestro álbum.

Galicia, Asturias, Santander, Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera, Cádiz, Marbella... y muchos lugares más. Un paraíso para cada uno. Incluso los más aventureros han llevado su maleta hasta las playas griegas o la costa francesa. ¡Qué felices somos! O por lo menos, ¡cuánto lo parecemos!

Pero, ¿qué hay más allá de los marcos de la imagen? ¿Qué dejamos fuera del encuadre? Ni la playa está tan vacía, ni las palmeras son tan altas. Todos lo sabemos, pero es que a veces nos encanta adornar la realidad, hacerla más visual (por decirlo de alguna manera).

Fotos

Y es que si quitamos todos los filtros... ni el cielo es tan azul, ni el mar tan cristalino. Pero que no cunda el pánico porque, aún así, somos muy felices. Porque, en el fondo, no necesitamos todas esas cosas que buscamos y que parecemos ansiar cada vez que hacemos una fotografía. No necesitamos ese tipo de perfección.

Instantes, no instantáneas

Todas esas imperfecciones que intentamos eliminar o dejar fuera de los márgenes son las que hacen los mejores recuerdos. Toda esa realidad que había antes de decir... “¡pa-ta-ta!”. El desorden, el azar, el caos, lo que está fuera de lugar, lo que parece que no encaja en nuestro escenario perfecto.

Además, creo que por mucho que parezcan lugares idílicos y momentos únicos, el objetivo de una cámara jamás capturará lo que más felices nos hace. Si lo hiciese, tendríamos unas imágenes a la altura de las mejores galerías del mundo.

Sin embargo, eso que nos llena por dentro son instantes, instantes más pequeños que lo que una instantánea es capaz de reflejar. Eso que llamamos felicidad es la suma de todos los instantes que vivimos, sin filtros, y no solo uno escogido y congelado para conseguir la mejor fotografía.

Porque, por muy increíbles que parezcan nuestras vacaciones cuando enseñamos nuestra pequeña colección de fotos, lo mejor de la vida es todo lo que no se puede ver. Una risa contagiosa. Un piropo. La letra de una canción. El olor de ese perfume que le queda tan bien, Eau de Toilette Geranium Odorata de diptyque. Y el de la crema after sun. Una buena conversación. El sabor de una buena copa de vino. Y tantas, tantas cosas, que nunca podrán llegar a captarse en una imagen.

Me gusta vivir sin filtros, disfrutando lo que hay y esperando lo que está por llegar. Y es que, qué bien se está cuando se está bien. Porque, como me dijo alguien una vez, ser feliz no significa que todo sea perfecto, significa que has aprendido a vivir por encima de las imperfecciones.




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