September

September

05 de septiembre de 2018

Primer día del mes y ya estamos todos aquí. Parece que teníamos prisa por volver. Es cierto que nos encantan los reencuentros y los muchos planes que tenemos por hacer, pero… ¿a quién no le gustaría alargar un poco más el mes de agosto?

Algunos dicen que en septiembre llega el desastre. Desastre porque, a la vuelta de las vacaciones, te encuentras con que el ritmo frenético de la ciudad no se ha pausado ni un segundo durante tu ausencia.

Los relojes comienzan a funcionar de nuevo. O quizás nunca se habían parado. Parece que nos hemos olvidado de cómo funcionan las cosas por aquí, incluso más de uno ha borrado de su memoria hasta las claves del ordenador.

Relojes

La piel que tanto nos ha costado poner morena vuelve a teñirse de su tono natural. El calor se mantiene, pero las piscinas cierran y solo quedan las duchas refrescantes antes de dormir. Para rematar, se termina eso de ir en chanclas. ¡Ah!, y sustituimos las cervezas por cafés.

Además, sabemos que, hasta dentro de un tiempo, no volveremos a ver un horizonte tan bonito como el de nuestra playa favorita. También echaremos de menos los chiringuitos y la mezcla de un gin-tónic y el humo de un cigarro en una terracita al sol. No sé si yo llamaría a todo esto un auténtico desastre, pero sí diría que son causas evidentes de una gran depresión postvacacional.

Por eso, después de intentar encontrar el lado bueno de septiembre, creo que lo mejor que tiene es su canción, esa que Omar Sy nos dedica en la gran pantalla. Porque, ¿qué más nos ofrece este mes, además de mover el cuerpo al ritmo de la música?

Remember

Recuerdo que, cuando era una niña, había algo que me encantaba de estas fechas. No era volver a clase, aunque tiene algo que ver con la famosa vuelta al cole: mi mayor ilusión era estrenar el material escolar. El olor de los libros nuevos y tener todos los colores en el estuche consolaba a cualquiera tras el verano. Increíble, pero cierto. Y los zapatos que brillaban al caminar. El uniforme perfectamente planchado el día anterior y los cuadernos en los que aún no había nada escrito.

Desde luego, ¡qué felices seríamos si nos quedase algo de ese entusiasmo infantil! Con el paso de los años, se acabaron esas tradiciones y, septiembre, muchas veces nos sabe al invierno pasado. No me gusta demasiado la idea, así que he decidido darme un capricho (o varios, pero siempre útiles) para empezar este curso con buen pie. ¿Por qué no estrenar un perfume? Que traiga un olor nuevo cada mañana. O, ¿una vela perfumada? Que acompañe los baños de espuma con los que tanto desconectamos. Aún no me he decidido, pero sé que cualquiera de las dos opciones me levantará el ánimo cuando llegue el otoño.

Y es que, en el fondo, por mucho que nos hagamos mayores, seguiremos estrenando. Algo que nos recordará que, aunque digamos adiós al verano, también estaremos dando la bienvenida a una nueva aventura. Porque, en el fondo, y como siempre dices..., esto solo acaba de empezar.




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