Flecha blanca

Ruido en blanco

02 de agosto de 2018

Una vez escuché esa expresión en una película. La verdad es que no recuerdo cuál era, pero se me quedó grabada esa frase: el resto es ruido en blanco. Algo que, para mí, significó una sola cosa: silencio. La ausencia de sonido. Y, a partir de ahí, me puse a pensar lo que se esconde detrás de él. Creo que tiene muchas caras pero, la mayoría de ellas, sonríen.

Quitando esos silencios incómodos que no gustan a nadie creo que, en todas sus demás variantes, es alucinante. Alucinantemente bueno, porque es algo que todos necesitamos para decir lo que la voz no puede, para escuchar, para pensar, para desconectar, para descansar, para compartir. Para mí, desde luego, es uno de los ingredientes de mi felicidad particular.

Me refiero a ese silencio que, aunque parezca casi imposible, también comunica. Sin decir nada. Porque, a veces, vale más que mil palabras y porque, el que calla, otorga. Porque, en ocasiones, las pausas de las canciones o de las películas preferidas son las que le dan el verdadero sentido a la historia que tienen detrás.

Onda

También me refiero a ese otro que te regala la posibilidad de escuchar eso que casi no se puede oír, y mucho menos con este ritmo incansable de la ciudad. ¿Como suena el fuego de una vela perfumada? ¿Y una onda en el agua? ¿Y la caída de las hojas de los árboles? Y, ¿el viento? Un sinfín de detalles que, siendo pequeños placeres de la vida, solo podremos disfrutar cerrando los ojos en un lugar sin ruido ni distracciones.

Shhh!

Shhh! Porque todos necesitamos un poco de silencio para pensar. ¡Qué poco nos paramos en lo que realmente importa! Y es que la vida va muy deprisa y tiene de fondo un bullicio constante. Y así, no se puede. Pero cuando nos alejamos y conseguimos ese momento zen… la cosa cambia. ¡Vaya si cambia! Y es que, en realidad, nos encantan los lugares tranquilos para desconectar y, de vez en cuando, poner el cartel don’t disturb.

Shhh! Porque también existe ese silencio que yo llamo silencio compartido. Y es uno de mis favoritos. Cuando dos personas son capaces de estar horas y horas sin decir nada y, a la vez, decirlo todo sin darse cuenta, es que la confianza que hay entre ellas es insuperable. Y, a la vez, envidiable. Porque son esas situaciones en las que no hacen falta palabras solo por el hecho de que, el que tienes en frente, te conoce casi mejor que tú.

¿Sabes cual es la sensación de estar bajo el agua mientras buceas? Esa en la que ni el grito más fuerte interrumpirá tus minutos de gloria. Pues, te daré un consejo: busca momentos así. Solamente hay que seguir una flecha. Una flecha blanca que conduzca a un lugar desierto fuera del GPS. Que te lleve a ese ruido en blanco del que hablaba la película. A ese pequeño paraíso que todos tenemos y que tanto nos gusta.




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