Las agujas del reloj

Las agujas del reloj

25 de abril de 2018

Hoy os quiero hablar de mi abuela. Porque se acerca el 'Día de la Madre' y, junto con la mía, forma el dúo de las madres más alucinantes que conozco.

Siempre que voy a verla a su casa, me pasa lo mismo y, es que, cuando la miro, me fascina pensar en todas las experiencias vividas que hay detrás de su mirada. Y de su sonrisa.

Le cojo la mano y siento lo feliz que es. Y, de repente, viajo en el tiempo, imagino... Ella también fue niña. Y también jugó en el parque y fue al colegio y abrió regalos de Reyes. Ella también se fue de veraneo. Y vio un estreno en el cine. Y cogió un avión para conocer qué había más allá de la frontera.

Y sopló velas y, poco a poco, descubrió esas pequeñas cosas que te van haciendo crecer. Y se tomó su primera copa. Y bailó. Como la que más. Ella también se enamoró. Y, además, de verdad, porque encontró al mejor hombre del mundo.

Tocadiscos

Y me da vértigo pensar que todo esto que os cuento no fue hace tanto tiempo. Hace solo unos cuantos años, nada más (y nada menos).

La verdad es que, por más que haga una lista de experiencias, creo que su vida es inabarcable. Nunca podré descubrirla del todo y eso es lo que más me gusta.

A veces le pido que me cuente alguna historia y, ella, con gesto de hacer memoria, me cuenta y me cuenta sin parar. Escucho con atención y charlamos sin prisa. Otras veces me pongo a pensar y le doy rienda suelta a mi imaginación sin llegar a preguntarle. ¡Qué vida tan vivida! Ella puede echar la vista atrás y ver todo lo que ha construido. Puede estar orgullosa. Y todos lo estamos de ella. 

Lo mejor de todo es que, al preguntarle si volvería a vivir su vida otra vez, contesta con un rotundo: "¡Lo que daría yo!". Porque, aunque esto de la vida a veces es una carrera de obstáculos, ella lo ha sabido disfrutar, tanto... que repetiría.

Somos guionistas

Y me pongo a pensar... y creo que mi abuela nos enseña cada día. Que hay que aprovechar el tiempo que tenemos y que hay que exprimirse al máximo. Que hay que vivir. Que hay que soñar.

Que hay que escribir nuestra propia historia y, a veces, reescribirla. Con papel y lápiz en la mano, como auténticos guionistas para que, cuando seamos mayores, el resultado sea un montón de capítulos que, sin duda, volveríamos a leer.

PapelCada día nos enseña que el tiempo es ese enigma que solo unos pocos saben describir. Son segundos, sumados, como el tic tac del reloj.

El tiempo es un regalo que viene sin manual de instrucciones. Para que nosotros lo convirtamos en momentos únicos. Para que lo traduzcamos en oportunidades, experiencias, historias, sabores, olores (como el de esa vela perfumada que mi abuela tiene en su salón casi siempre encendida, Oyédo de diptyque) y todas esas cosas que tanto nos han gustado al descubrirlas.

Abuela, ojalá, cuando tenga tus años, tenga tu misma sonrisa. Ojalá llegue a parecerme a ti algún día. Ojalá. Ojalá. Porque habré entendido de qué va esto que todos llamamos vida y habré descubierto cómo vivirla de verdad.

Habré aprendido que las agujas del reloj siguen su propio ritmo y que ese ritmo hay que saber bailarlo solo como tú sabes hacerlo. ¡Gracias, abuela!




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