Hoy me he dado un capricho

Hoy me he dado un capricho

28 de febrero de 2018

Amanece uno de esos días en los que te despiertas y no te apetece seguir la rutina de siempre. Uno de esos en los que necesitas algo especial que te saque una sonrisa o un parón para desconectar. No por que realmente lo necesites, sino porque te lo mereces.

Esos son mis caprichos, pequeños detalles extraordinarios que hacen que un día sea diferente. Porque no me doy grandes lujos pero, cuando lo hago, los saboreo más que nadie.

Levantarme una mañana a la vez que el sol y prepararme un café gigante. Sentarme y disfrutarlo delante de una hoja en blanco. Escribir sin prisa, esperando la inspiración y sabiendo que no tengo nada planeado para hacer después.

Taza de cafe

Comer en mi restaurante favorito un sábado y, después, dar un paseo por el casco antiguo de Madrid. El chocolate. Leer. Quedarme un día de lluvia viendo una película debajo de una manta. Escaparme un fin de semana a la montaña. Un brunch. Ir a un museo. O al teatro.

Encender la chimenea. Salir por la puerta de casa con la mejor compañía y sin rumbo. La música. Ya sé que muchos de ellos no se pueden comprar con dinero, pero ahí reside el secreto del verdadero lujo.

Aprovechar el buen tiempo desde la terracita de una cafetería. Y ver a la gente pasar. Una tarde de juegos de mesa con amigos. Encontrar silencio en el bullicio de la ciudad. Un baño de espuma. Cocinar sin receta. Pasar un domingo en el Rastro. Y sus antigüedades. Y un millón de cosas más que, normalmente, no tienen hueco en nuestra agenda.

Soy muy derrochadora. Pero solo de ilusión. Porque, al final, el capricho que todos queremos darnos se llama “tiempo”. Tiempo para ser feliz con lo que realmente te llena.

Derrochadora de ilusión

La verdad es que soy feliz con muy poco, lo descubro cada vez que viajo y tengo que hacer la maleta: ¡qué pocas cosas son imprescindibles! Siempre me pregunto: “¿Por qué no sabemos vivir solo con esto todo el año?”.

Esta forma de vivir hace que pueda ser “caprichosa” a mi manera. A mi manera porque, lo que para muchos no sería un deseo, para mí sí lo es. Y no sabéis lo que se disfruta teniendo siempre un motivo para soplar las velas de cumpleaños, cerrar los ojos y pedir que se cumpla.

En esta etapa de mi vida, mi gran capricho es ir decorando poco a poco mi primera casa. Nos acabamos de mudar y los más veteranos sabrán la ilusión que hace poner todo a punto. Es un piso pequeño, pero con encanto. Por eso, me vuelvo loca cuando veo los escaparates llenos de muebles, cuadros, telas y accesorios. ¡Y flores!

Flores

No me considero una persona materialista, más bien amante del buen gusto. Las cosas materiales solo son importantes para mí cuando tienen una historia detrás. Cuando son el recuerdo de un viaje o cuando evocan un momento feliz. Cuando las puedo exprimir. Cuando me acuerdo de cuánto las hemos disfrutado utilizándolas.

Mi Wish List

Creo que una casa no es un hogar sin un olor característico que la defina. Una fragancia que te transporte y te haga viajar en el tiempo. Todas las casas huelen a algo y la mía quiero que huela a diptyque. Lo cierto es que cumple eso de llevarte a otro lugar y quiero que lo cumpla en el salón de casa.

He probado algunas velas perfumadas y vaporizadores, pero, desde hace algún tiempo, tenía pendiente probar algo nuevo.

Tengo una wish list que solo se va acortando en las fechas más especiales. Este domingo fue uno de esos días y el lunes fui con Nicolás a comprar una vela perfumada. La de Mimosa, con ese aroma tan original que me recuerda al verano.

Vela Mimosa de diptyque

Su nombre lo dice todo, es mimosa. Es cálida, dulce y fresca a la vez; como un chapuzón en las playas de Cádiz. Es floral, como un jardín en la costa. En el lenguaje de las flores, Mimosa quiere decir sensibilidad, sutileza, esa que envuelve los agostos.

No me gusta ser excesivamente caprichosa, pero me enamoran los caprichos de vez en cuando. Creo que son un ingrediente necesario en la vida. Son algo sin un porqué detrás y, muchas veces, sobran las preguntas.

Oscar Wilde decía que la única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho dura algo más. Y estoy de acuerdo con él. Porque ojalá pueda pasear por Madrid toda la vida o disfrutar momentos únicos en la mejor compañía o escaparme de vez en cuando los fines de semana o… quién sabe qué más.




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