Vela Baies de diptyque

El cielo huele a la vela Baies de diptyque

por Clara Estévez 12 de diciembre de 2018

Me encantan las personas que son felices. Aquellas que disfrutan con pequeños detalles que, a veces, son difíciles de percibir. Una larga conversación acompañada de una buena copa de vino, un paseo con la mejor compañía, escapadas al campo para hacer deporte, nadar en el mar… o, en mi caso, la suma de tres ingredientes: un día de lluvia, mi novela favorita y la vela Baies de diptyque.

Desde que la descubrí se ha convertido en un must en casa y, siempre que puedo, la enciendo para disfrutar su aroma. ¡Es mi gran aliada en esos momentos de relax que todos nos merecemos de vez en cuando!

No sé qué tiene esta vela perfumada, pero consigue enamorar a todos los que la han visto encendida. Por eso, es un regalo perfecto para estas fechas con el que acertarás seguro.

Un viaje al corazón de la naturaleza

La vela Baies de diptyque es un eco al Eau de Toilette L’Ombre dans l’Eau de diptyque y, de alguna manera, recrea la frescura del jardín que a todos nos gustaría tener. Encenderla te hace viajar en el tiempo y en espacio, hasta un lugar en el que me imagino una gran cascada rodeada de la naturaleza en su máxima expresión.

Por eso, si Baies fuese de algún color, sería verde. Como las hojas de los árboles que empiezan a brotar después de un largo invierno. Como la hierba que amanece cubierta de rocío. Como la lima que acompaña tus refrescos en verano.

Su aroma es sofisticado, elegante… y me atrevo a decir que es el más original e icónico de diptyque. De esencia afrutada y floral, mezcla las hojas y capullos de grosellero negro, la rosa de Bulgaria y el ámbar gris. ¡Una combinación única!

Do it yourself

Os voy a contar algo más y, es que, siempre que termino una vela perfumada reciclo su vaso. Existen varios tamaños con diseños diferentes y los que más me gustan son el de 190 g y el de 300 g. ¿Queréis saber por qué?

La vela de 190 g es transparente y lleva una pegatina blanca con el óvalo de diptyque. Esta fue la primera que tuve y, cuando se me terminó, quise conservarla. ¿Para qué me podía servir? Después de pensar varias opciones, decidí llenar el vaso de discos de algodón. Es imprescindible tenerlos a mano a la hora de desmaquillarse y, además, ¡queda ideal en el baño!

El segundo tamaño, de 300 g, tiene una peculiaridad: tanto la cera como el vaso son negros y el óvalo está grabado en el cristal. ¡No se puede desperdiciar un recipiente así! Por eso, en mi caso, tengo uno en la mesa de la oficina. Sí, ¡es un portalápices que no pasa desapercibido!

Y así recordaré Baies, una vela perfumada que, encendida o apagada, siempre desprende una atmósfera especial.




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