Bailar

¿Bailamos?

19 de julio de 2018

Deberíamos bailar más. Saltar. Cantar. Como en esas noches de juventud en las que disfrutábamos tanto. Y os digo esto porque, después de algún tiempo sin hacerlo, se me había olvidado lo que se sentía al mover los pies al ritmo de la música.

El fin de semana pasado bailé. Bailé como si fuera la última noche de mi vida. Como cantan algunos, hasta el amanecer. Y también canté. Porque creo que es uno de los ingredientes para bailar bien o, por lo menos, para intentarlo.

Los recuerdos se empezaron a hacer paso mientras iban sonando las canciones. Desde Caminando por la vida de Melendi hasta La cintura de Álvaro Soler, pasando por algunos títulos memorables como Déjame de Los Secretos. ¡Qué bien lo pasábamos entonces! O, como diría mi madre, "¡juventud, divino tesoro!".

Fuimos a un local en el que fue difícil elegir la canción en la que poder salir a fumarte un cigarro. Increíble, pero cierto. El ambiente no decaía mientras avanzaba la noche. Y, por si acaso, de vez en cuando y de forma aleatoria, bajaban la pantalla de un proyector gigante para retransmitir un concierto de uno de los grandes de la música. Casi nada. Un paraíso para los amantes del disfrute.

El ambiente era bastante variopinto. Desde hombres en traje hasta niñas en alpargatas. En ese momento, mirando a mi alrededor, me di cuenta de que la música no entiende de edades y, bailar, tampoco. Más bien, la historia se plantea al revés: baila, vive y serás joven para siempre, porque…

...bailar es escuchar. Escuchar tus letras favoritas. Sentir el ritmo y dejarse llevar. Hacer un mano a mano con esa gran amiga y que pasen las horas como si fuesen segundos.

Bailar es viajar. En la bicicleta de Shakira o en la de Juan Luis Guerra por el Niágara. En el velero de Jose Luis Perales o en el barquito de papel de Demarco Flamenco rumbo a una isla desconocida. En el Ford Fiesta blanco de Hombres G. O en el Seat Panda de Estopa. No importa el medio de transporte, al final, la música es la que hace que seas capaz de regresar a tus mejores recuerdos.

Bailar es transmitir. La felicidad que llevas dentro y las ganas de celebrar la vida. Como cuando estrenas Tempo de diptyque. Es brindar por esa buena noticia que te acaban de dar. Porque, cuando la música suena de fondo, se multiplican las alegrías y se dividen las preocupaciones por la mitad. Y es que bailar también es descansar.

Bailar es divertirse. Porque se baila en una discoteca, en un bar, pero también en los sitios más insospechados. Hay quien alguna vez no pudo contener el ritmo en uno de los pasos de cebra más transitados de la capital. Incluso he visto a alguno bailando en el metro. Y es que bailar también es no tener miedo a lo que puedan pensar.

Así que no se hable más: música, maestro. Y, en esta época del año, con más razón. Porque este amor es azul como el mar azul. Y el verano, también. Porque todos los días sale el sol, chipirón. Y porque, Miami me lo confirmó: hay que bailar para hacer, de un verano, un recuerdo inolvidable.




Dejar un comentario

Los comentarios se aprobarán antes de mostrarse.


Otros artículos que pueden interesarte...

I love brunch
I love brunch

10 de octubre de 2018

¿Y si...?
¿Y si...?

03 de octubre de 2018

En los ojos del que mira
En los ojos del que mira

26 de septiembre de 2018

¿A que te mereces siempre lo mejor?

Suscríbete a nuestra newsletter, que no cuesta nada, y te informaremos puntualmente de todas las novedades