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La vainilla, aroma sensual de riqueza y esplendor

La vainilla, aroma sensual de riqueza y esplendor

Rocío Rodríguez 21 de enero de 2019

La vainilla, esa planta a la que asociamos un aroma sensual de riqueza y esplendor, pertenece al género de las orquídeas y es prácticamente la única especie de las mismas que se utiliza por sus propiedades olorosas y agroalimentarias más que ornamentales.

Fue conocida en Europa tras el descubrimiento de América; de hecho, su nombre viene del parecido de su fruto con las vainas de pequeñas espadas. Los aztecas la utilizaban, desde tiempos inmemoriales, para aromatizar la bebida de cacao que consumían habitualmente. Los descubridores españoles la trajeron en sus viajes de vuelta a Europa y su consumo se extendió inmediatamente.

Según una leyenda azteca la planta de la vainilla nació de la sangre de la princesa Tzacopontziza (Estrella de la Mañana) en el lugar donde ella y el príncipe Zkatan-Oxga, que la había secuestrado por amor, fueron capturados y decapitados por los sacerdotes. El príncipe se reencarnó en un vigoroso arbusto y la princesa se convirtió en una delicada liana de orquídea se entrelazaba dulcemente con su amante. Una romántica leyenda para explicar el nacimiento de esta aromática y sensual planta.

La Vanilla Tahitensis, la vainilla de Tahití, es una de las más apreciadas en perfumería. Los procesos para la preparación de la vainilla necesitan largos y minuciosos cuidados y es por ello que, en proporción a su peso, es uno de los productos más caros del mundo.

Pronto la vainilla fue utilizada, además de para aromatizar postres y comidas, como base de los perfumes más exóticos. Forma parte del fondo olfativo de los denominados perfumes orientales y su aroma nos transporta a mundos de vegetación frondosa, sensuales aromas y riqueza y esplendor.

Cuando exploramos un perfume con fondo de vainilla nos trasladamos a mundos de riqueza, olores intensos, colores deslumbrantes y todos nuestros sentidos disfrutan de esta saturación; pero además la vainilla ha impregnado nuestra memoria olfativa: en los postres caseros, en los bizcochos de las abuelas… es por ello, que también nos proporciona una sensación de ternura y amor por el hogar.




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